The Party of Proletarian Dictatorship
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The Strike Commitee of Samara. Stachkom. The Party of Proletarian Dictatorship. I also went against the new feudalism created by the CPSU. The party of the proletariat should not be the ruling party! PROLETARISM
Long Live Revolution!
All Power to Strike Committees!

The party of the proletariat should not be the ruling party! The Party of Proletarian Dictatorship. Stachkom
PRESENTACI?N COMUNISTES de CATALUNYA
INTRODUCCI?N (1999)
INTRODUCCION PARA LOS LECTORES OCCIDENTALES Y DEL MUNDO
MIRABA LA VIDA CON LOS OJOS DE UN PROLETARIO - A.B. Razlatski
EL SEGUNDO MANIFIESTO COMUNISTA (A.B. Razlatski)
PR?LOGO (1979)
Parte I Burgueses y proletarios.
Parte II El proletariado como due?o
Parte III La crisis del movimiento obrero
Parte IV Dictadura Proletaria - Democracia Proletaria
Parte V Las clases y la lucha de clases en el socialismo
Parte V

EL SEGUNDO MANIFIESTO COMUNISTA

(A.B. Razlatski)
Parte V


Las clases y la lucha de clases en el socialismo

Las clases son esos grupos de personas entre quienes se dividen todas las fuerzas productivas de la sociedad. Sobre esta base se establecen las relaciones de producción entre las clases. Siendo dueños de una determinada parte de las fuerzas productivas, tienen la posibilidad de influir sobre el desarrollo de la producción y aprovechan esta posibilidad en la lucha con las demás clases para adequirir su posición social. La existencia de las clases está relacionada con la existencia de la propiedad privada sobre las fuerzas productivas (no sólo de los medios de producción) y es por ello que, dejando aparte totalmente la existencia del intercambio o de las relaciones mercancía-dinero, la importancia de cualquier fuerza productiva concreta y la función de las clases varían en relación con las clases concretas que obtienen la supremacía sobre las demás.

En cuanto a las condiciones de las relaciones mercancía-dinero, la posición social está total y completamente determinada por la posición económica, es decir, qué cantidad de riqueza social se está apropiando y distribuyendo una clase dada. Por eso luchan las clases entre ellas.

Las fuerzas productivas incluyen tres elementos fundamentales: la tierra y toda su riqueza natural, los medios de producción necesarios para efectuar el trabajo, y la fuerza de trabajo. Los cambios históricos en los métodos de producción y los correspondientes cambios en las formaciones socio-económicas vienen dados por el nivel de organización y por la influencia organizada de estos elementos en la sociedad.

Aparte de las clases, en la sociedad hay personas que no son proprietarios de las fuerzas de producción y que no contribuyen con nada de su propiedad en la producción social. Éstos pueden ser divididos en grupos según su papel social; la intelectualidad, el ejército, el lumpen proletariado etc. Todos ellos, de una manera u otra, necesariamente sirven a estas clases, sobretodo a las que están, en el momento actual, en una posición dominante y que pueden darles la parte de bienes esenciales para su existencia. Y ello a pesar del hecho de que su influencia indirecta en la producción puede tener una importancia enorme para la sociedad, a pesar de la organización interna concreta de tales grupos sociales, que sin embargo no juegan un papel decisivo en el desarrollo de la sociedad puesto que carecen de unidad orgánica de intereses que son el distintivo de una clase. Históricamente, todos los intentos de tales grupos sociales por influir en el desarrollo de la sociedad condujeron, después de apropiarse de alguna parte de las fuerzas productivas, a convertirse en una clase o a crecer dentro de la clase a la que ellos estaban sirviendo, quizás inconscientemente. Esto es precisamente porque los intereses sociales de tales grupos siempre son ambiguos y no constituyen una unidad socialmente relevante.

La política de clase del proletariado victorioso se define, en primer lugar, por las circunstancias bajo las cuales logró la victoria. En otros términos, es esencial que el proletariado tenga en cuenta el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y la composición de clases que corresponde a esa sociedad.

Por regla general, uniendo la acción del proletariado, de los campesinos y de los pequeño burgueses, se obtiene el poder. Sin embargo, si en esta unión el proletariado no tiene la supremacía decisiva, entonces la revolución no tendrá un carácter socialista, se quedará en democrático burguesa.

La victoria auténtica del proletariado, la revolución socialista, siempre significa el establecimiento de la dictadura del proletariado. Esta unión del proletariado con los campesinos y otras capas de la sociedad no tiene otro contenido que la necesidad para el proletariado del funcionamiento de esas capas aunque solo dure un cierto período. Y tiene por objetivo la conservación del conjunto de sus funciones que son necesarias para la existencia de la sociedad.

La política del proletariado respecto a otras clases y capas esta dictada plenamente por la necesidad de estimular dentro de ellas una actividad socialmente útil; y esto está relacionado con las formas organizadas prestadas del capitalismo de antaño, en la medida en que esto es necesario para afianzar la efectividad de estos estímulos. Pero simultáneamente, el proletariado y su estado deben alentar esos estímulos rechazando las formas obsoletas, rompiéndolas y dirigiendo el desarrollo de todas las capas por los cauces socialistas.

En este sentido la definitiva expropiación de los expropiadores tiene una importancia decisiva: destruye la dependencia psicológica del individuo en su posición social con respecto al capital, a la propiedad privada. Pero una vez iniciado, el proceso de expropiación no debe cesar. Las relaciones mercancía-dinero dan lugar inevitablemente a una tendencia al enriquecimiento, y esto significa que la lucha contra estas tendencias, en todas sus variantes de existencia, es inevitable. Una de las tareas más importantes es la de inculcar la idea de que la riqueza personal, aunque se adquiera, no garantiza la consolidación de la posición social, sino por el contrario, su inestabilidad. Esta tendencia, naturalmente, entra en contradicción con la construcción de la sociedad socialista porque establece la mayoría de las más importantes relaciones sobre una base completamente burguesa. Guardando aun esa relación burguesa, la sociedad socialista no tiene ninguna intención de consolidar su estabilidad; lo mismo que el proprio capitalismo no da ninguna garantía contra la destrucción o la competición capitalista, etc. Al mismo tiempo, la conservación de relaciones burguesas exige a la sociedad socialista la elaboración de un plan de ataque contra ellas.

Estas son las cuestiones más complejas de la política interna de la dictadura del proletariado. El movimiento del conjunto de la sociedad socialista hacia comunismo depende, en una magnitud muy significativa, de que estas cuestiones se resuelvan de forma correcta en cada paso histórico. Y, en primer lugar, esto esta unido a la construcción de las relaciones con clases como la de los campesinos y de estratos sociales como la intelectualidad.

Pero antes de que nosotros podamos examinar la cuestión del campesinado, es completamente necesario analizar las relaciones entre el proletariado y la intelectualidad.

¿Qué distingue a la intelectualidad, mientras trabaja por contrato, de los obreros contratados?

La esencia económica de la diferencia, nosotros ya la hemos establecido: la intelectualidad no vende su fuerza de trabajo, vende su monopolio del conocimiento. Pero la frontera entre el trabajo físico y el mental ha perdido desde hace mucho tiempo su precisión anterior. Entonces, ¿cómo separamos nosotros las actividades de los obreros de las de la intelectualidad en la práctica?

Permítannos coger la categoría más precisa, el trabajo productivo.

El trabajo productivo es la creación, con la ayuda de ciertos medios de producción y de ciertos métodos, de cosas que, a efectos prácticos, son idénticas a otras similares producidas en el pasado.

El trabajo productivo puede ser sencillo o complejo; el trabajo más complejo exige mayores calificaciones y habilidades más desarrolladas. Es precisamente el trabajo productivo el que constituye el valor de una cosa dada. Es decir, el valor de cualquier artículo es el mínimo trabajo social necesario requerido para su producción con los métodos contemporáneos y al nivel contemporáneo de desarrollo de las fuerzas productivas.

Prácticamente todo lo que la humanidad consume en el aspecto material es el resultado de ese trabajo productivo. Así el trabajo productivo posee un significado decisivo para la existencia y la procreación de la humanidad.

El trabajo creativo, contrariamente al productivo, aparece en forma de una amplia variedad de actividades que, sin embargo, no están relacionadas con la producción directa de las cosas. En este sentido, la creatividad, el aprendizaje de las habilidades para el trabajo productivo consiste en la organización de la actividad y en la creación de nuevas tecnologías; solamente es la importancia social de estos tipos de trabajo lo que es diferente.

Aquéllos que viven de la retribución por el trabajo creativo, incluso cierta categoría de personas que realizan trabajo físico, entre ellos obreros, pero que son evaluados y premiados sobre la base de sus capacidades para descubrir soluciones tecnológicas únicas, no son proletarios. Ellos forman la intelectualidad y éste es un estrato social particular.

El trabajo productivo es la maldición de la humanidad. Día y noche la humanidad influye sobre el planeta. Su trabajo tiene un solo objetivo; destruye una cosa, crea otra y así realiza cambios en las condiciones de su propia existencia, todo para asegurar los recursos para la satisfacción de sus necesidades.

El trabajo productivo, la producción de los artículos de consumo, crea nuestra comida, la ropa, la vivienda, la calefacción, la luz y todos los aportes materiales por medio de los cuales nosotros satisfacemos nuestras necesidades espirituales; el trabajo productivo crea las máquinas que se necesitan para fabricar los artículos de el consumo, y así también otras máquinas son necesarias para reproducir lo anterior. El trabajo productivo cambia el mundo, por dentro y por fuera. Este trabajo crea un cambio en el valor del planeta como fuente de subsistencia para toda la humanidad, teniendo en cuenta el consumo y la producción. En un futuro no demasiado lejano, precisamente esta situación, la producción, se convertirá en la base de la economía política de la humanidad.

El trabajo productivo es la fuente de la existencia de la humanidad, la base de la vida inteligente en la tierra.

El género humano no quiere simplemente existir, sino que desea vivir siempre mejor y mejor, y con este propósito utiliza elrazonamiento, la conciencia que es una fuerza inmensa e ideal, capaz de movilizar intencionada y coordinadamente todas las fuerzas físicas. E impulsada por la historia, moviéndose de etapa en etapa, la humanidad guía su esfuerzo interno para hacer el uso más razonado de sus fuerzas físicas.

El trabajo creativo, cada vez más organizado y enriquecido por la experiencia, se vuelve más activo influyendo en el trabajo productivo, y de esta manera lo aligera y perfecciona. También es verdad que un esfuerzo creativo importante se dirige a lo contrario, a luchar por y en defensa de los intereses privados (tanto si son individuales, de grupo o de una clase), atomizándose así y anulándose en luchas banales. Liberar toda esta tremenda energía creativa de esta lucha destructiva, y ponerla a trabajar en beneficio de la sociedad, esto es lo que le interesa a la humanidad. Pero esto no puede lograrse por medio de un utópico "acuerdo razonado", debe lograrse destruyendo todos los intereses privados, lo cual es solo posible con la subordinación del trabajo creativo a las tareas del trabajo productivo y todo ello como una consecuencia de la dictadura proletaria. Y aquí, por tanto, la clave, claro, no está en que toda la actividad creativa se subordine al objetivo buscado de aliviar el trabajo productivo, sino en que este objetivo, de forma más general, exprese el contenido humanístico más alto de toda creatividad.

La tarea para toda la humanidad es conseguir el entendimiento más completo de su inteligencia con su fuerza; esto define las relaciones entre el proletariado y la intelectualidad, el carácter del desarrollo de sus relaciones.

La intelectualidad como razonamiento social concentrado, ha existido desde tiempo inmemorial. La esencia social de la humanidad, eso que la separa del animal, está relacionada con el razonamiento y la conciencia; así no es sorprendente que la capacidad de algunas personas para generalizar los hechos y pensar abstractamente sea lo que distingue a estas personas de la masa en general, y define su posición particular en la sociedad. Esta posición particular no ha sido ni será siempre la posición de ser mejores en relación con los demás; esto simplemente los destaca de los demás en todas sus relaciones con la sociedad.

Un gran período en la vida de la sociedad humana, englobando varias formaciones sociales, se caracteriza por el hecho de que la posición social de sus miembros está directamente relacionada con su situación económica. Casi para la duración completa de este periodo, el intelecto, la capacidad de pensamiento abstracto, jugó un papel secundario, y fue sólo en la última etapa, bajo formaciones socio-económicas capitalistas que su situación cambió substancialmente. Y, lo que es más, esto no era un reconocimiento directo de la importancia social del intelecto, sino que sólo significó que ese intelecto había madurado para ejercer una influencia activa sobre la posición económica. El capitalismo fue rápido en detectar esto, y puso el intelecto a su servicio. La intelectualidad se volvió un factor importante en la lucha competitiva capitalista y efectivamente fue el objeto de esta lucha.

El reconocimiento económico del capitalismo, la competición creciente para la compra del razonamiento y la revelación de sus secretos, ha creado un reconocimiento social, el reconocimiento a través de la posición económica. Este status secundario siempre había atormentado a la intelectualidad, porque a los intelectuales les hubiera gustado una sociedad dónde el intelecto se reconociera por sí mismo, dónde sería considerado como propiedad social. Pero mientras la mayoría de la intelectualidad sea incapaz de separar el reconocimiento social del económico, se lanza a un sueño de fantasías utópicas, creyendo tener el dominio de ambas, la mente y la materia. De hecho las mejores mentes de la humanidad se han liberado de estos callejones sin salida del eclecticismo y han entendido la relación entre esta contradicción de ideas y materia y las contradicciones básicas de la sociedad capitalista, reconociendo finalmente su lugar dentro de la sociedad. Esta comprensión debe llevarles a colocarse en la posición de clase del proletariado; pero esto no resuelve la cuestión para el conjunto de la intelectualidad. En la lucha por su reconocimiento, la intelectualidad pierde el sentido de la solidaridad.

La lucha del proletariado y su activismo social siempre atrae a su lado solo a un fragmento de la intelectualidad.

Algunos de repente consideran el poder del proletariado como instrumento para lograr sus propios objetivos. Éstos son los liberales que coquetean con el proletariado.

Otros llegan a las filas proletarias como iguales entre iguales. Pero después esto se convierte en: "Nosotros somos los más formados entre todos, y sobre nuestros hombros pesa la responsabilidad de definir los objetivos y escoger los caminos". Estos son los oportunistas consumados que utilizan el proletariado para sus propios objetivos.

Los terceros escogen servir al proletariado incondicionalmente. Para ayudar al proletariado a ser consciente de sus propios objetivos, para encender, con la antorcha de la teoría, el camino que tiene delante el proletariado, para que no se equivoque en su elección; éstas son las tareas que se plantea esta parte de la intelectualidad.

Con este último grupo el proletariado puede marchar hacia sus conquistas.

¿Y después? Habiendo establecido su hegemonía, el proletariado victorioso necesita la actividad de toda la intelectualidad. Pero esto no puede producirse sin pérdidas. Las llamas de la revolución encienden tendencias hegemónicas en una parte de la intelectualidad y la incita a la actividad. Esta fracción de la intelectualidad debe ser objeto del terror proletario. Y claramente, el fragmento restante no tendrà ninguna intención de trabajar gratuitamente para el proletariado "porque sí".

El proletariado como clase, como único dueño de los medios de producción, y esto significa como un capitalista en sus relaciones con los otros estratos no-proletarios, también debe actuar como un capitalista. Debe contratar a la intelectualidad tanto como le sea necesario, y bajo condiciones, hasta donde sea posible, en ningún caso peores que aquéllas que le ofrecía la burguesía.

También puede contratar algún fragmento de la burguesía, conservando aparentemente su situación de privilegios capitalistas. El proletariado debe organizar racionalmente todos los recursos creativos de la sociedad.

Como dictador, el proletariado debe rechazar decididamente todas las condiciones burguesas que le impone la intelectualidad para su reconocimiento político. El proletariado asumiendo él mismo la defensa de los derechos humanos en sus relaciones individuales con los estratos no-proletarios dentro de un estado proletario, debe darles no más de lo que ellos aparentemente tienen derecho.

Todo esto, por supuesto, es consecuencia de los intereses del proletariado. Todo esto provoca naturalmente una situación indefinida, inestable de la intelectualidad en el terreno social. Cuanto más claramente se revelan las semi-conquistas de la intelectualidad en la revolución proletaria, más precisa y definidamente la revolución indica el gran sinsentido de las esperanzas utópicas de la intelectualidad.

Igual que las contradicciones en las mentes de la intelectualidad son expresiones de las contradicciones del capitalismo, bajo el socialismo deben revelarse con suma claridad, y hay que obligar a la intelectualidad a volver a pensar sobre su sitio en la sociedad y en la vida. Estas contradicciones deben empujar e incitar a la intelectualidad al movimiento. ¿Pero hacia dónde?

El trabajo creativo es una necesidad por todos los seres humanos. Cada uno sistematicamente se dirige a la actividad creativa. Y cuando los resultados de esta creatividad adquieren una importancia social, esta necesidad todavía se vuelve más imperiosa, porque esto lleva a la persona a tener un peso social importante.

El trabajo productivo es una necesidad. Se tiene conciencia de él como de una necesidad social y sólo se da cuando cada uno tiene conciencia de su participación en la sociedad y de la necesidad de esa participación. Es necesario que la intelectualidad tome conciencia de esto pero solo puede entenderlo sintiendo que la posición social de la clase obrera es más alta que la suya propia y que la diferencia no se le puede compensar a la intelectualidad recibiendo bienes materiales.

Es imposible acelerar este proceso a través de la presión económica, aunque las autoridades proletarias siempre tienen esta posibilidad disponible. El proletariado, bajo todas las condiciones, permanece una clase abierta, en esto consiste su mérito, y asume riesgos concretos.

Presionando a la intelectualidad, el proletariado puede obligarla a unirse a sus propias filas; y se quedaría sin intelectualidad, como un hombre ciego sin guía. Es por ello que es necesario hablar a la intelectualidad con el lenguaje de los privilegios burgueses. Sin embargo el proletariado no puede mantener siempre semejante situación. ¿Qué debe contraponerse a ello?

El proletariado debe promover su propia intelectualidad. La cuestión aquí no es ciertamente que ésta deba ser una intelectualidad de origen proletario, sino que esta intelectualidad debe proporcionar a la sociedad su trabajo gratuito, sin ningún estímulo económico; sólo satisfaciéndose con el reconocimiento social y los bienes debe recibirlos de su propio trabajo productivo. Si esto no puede ser un compromiso para toda la vida, entonces que sea para un periodo determinado, después del cual esta intelectualidad puede, si lo desea, ocupar la posición de la intelectualidad burguesa, perdiendo sus privilegios sociales y adquiriendo otros económicos. Pero que conserve la nostalgia y el respeto hacia sus hermanos de clase.

Y entonces la efectividad creciente de la producción, que conduce a la disminución de la cantidad de trabajo productivo, junto con el crecimiento del bienestar material del proletariado completará estos principios y la nueva intelectualidad, en general, no deseará romper sus vínculos con el proletariado y con el trabajo productivo. La intelectualidad entonces dejará de existir como un grupo social, el intelecto se convertirá por completo en una propiedad del proletariado y el trabajo creativo se hará según las capacidades de cada uno. Es razonable que esto ocurra cuando el propio proletariado sienta la necesidad de efectuar un trabajo creativo.

Ahora que la tendencia en el desarrollo de relaciones entre el proletariado y la intelectualidad se ha descrito con la claridad suficiente, es más fácil plantear la orientación en las relaciones con el campesinado.

Viéndolo desde fuera el trabajo del campesinado parece tener un contenido productivo. Claro, arar, sembrar, desyerbar, segar, abonar y regar, es trabajo de un carácter completamente productivo. Pero todo esto debe hacerse en un momento apropiado y en una extensión apropiada. Y deben determinarse el tiempo y la extensión dependiendo de las fluctuaciones en las condiciones meteorológicas, y éste es un trabajo completamente creativo. La agricultura tiene relación con la naturaleza viviente, y siempre debe, creativamente, seguir sus exigencias y acatarlas. Es mucho más difícil separar el trabajo creativo del productivo en este caso que para la producción industrial.

Pero no queda mas remedio. Aquí también, el trabajo creativo debe separarse del trabajo productivo, pues sólo en la separación se puede discernir su alcance social que es esencial en la nueva sociedad.

El desarrollo de la agronomía y de la zootecnia, con la industrialización máxima de la agricultura, lleva a la liberación más completa de la necesidad de creatividad individual y la separación más delimitada entre la intelectualidad agrícola y el proletariado agrícola; ésta es la dirección que deben seguir los esfuerzos proletarios. Y, aunque es obvio que la separación del trabajo creativo y su retorno al proletariado podrá ser expresado aquí mas claramente, comparado con la industria, todavía ningún sector de la producción podrá pasarse sin él.

La separación bien delimitada entre el proletariado agrícola y la intelectualidad agrícola y su fusión con el proletariado industrial también puede sugerir nuevas formas de trabajo productivo, tomando en consideración el trabajo continuo de la industria y el carácter estacional del trabajo de la agricultura. Pero independiente de esto, la industrialización de la agricultura sigue siendo una de las tareas más importantes del proletariado industrial, de la dictadura del proletariado, porque sin ella las limitaciones económicas no pueden superarse, ni se logrará el nivel general de efectividad de la producción que puede resolver completamente los problemas económicos de la sociedad. Esto es así porque las tareas técnicas y económicas del proletariado en relación con el campo coinciden en su dirección fundamental. Aquí es particularmente importante que, aunque la carrera técnica de la industrialización, por supuesto, tiene una importancia enorme, no debe esconder las tareas políticas. Incluso en la búsqueda de soluciones técnicas, sin la atención seria a las tareas políticas, las tradiciones antiguas no se superarán, y esto significa que las divisiones entre el campo y la ciudad no han sido eliminadas. La ciudad debe llevar a la agricultura, con toda la precisión posible, su pensamiento industrial, liberando así, de las estratificaciones feudales y burguesas, la atracción natural de la humanidad hacia la tierra.

Quiere decir esto que las tareas del proletariado, respecto al campesinado y a la intelectualidad, son continuación de la lucha de clases que proviene de la sociedad capitalista?

Sí, pero no es aquí donde nosotros debemos buscar el punto central. El proletariado lleva lo esencial de su lucha contra la burguesía hasta el límite de la revolución socialista. Esta contradicción básica debe verse en la perspectiva siguiente: por un lado, la colectividad, la aspiración colectivista del proletariado, y por otro, el individualismo extremo encarnado por la burguesía en los privilegios económicos de la propiedad privada y en el establecimiento de una dependencia directa entre la posición social y la posición económica. No obstante la sociedad capitalista no sólo produce aspiraciones individualistas para el privilegio social en la burguesía, sino también en todos los estratos y clases de la sociedad. Y el proletariado, habiendo liquidado la burguesía como clase, y la propiedad privada como fundamento del privilegio económico que sirve como base para la adquisición de muchos privilegios sociales, no puede eliminar completamente todas las aspiraciones a los privilegios individuales; dado que toda la sociedad, incluso sin la burguesía, hasta las propias masas proletarias están penetradas hasta la médula de tales aspiraciones.

La contradicción principal del socialismo se convierte en la contradicción entre el individuo y la sociedad. La esencia de la contradicción es que el individuo, en oposición a los intereses de la sociedad, pugna por la conquista de algún privilegio individual, se esfuerza por recibir de la sociedad más de lo que él le ha dado. Pero entonces el lado retrógrado, moribundo de la contradicción surge del individuo, de cada miembro de la sociedad, considerando que el lado avanzado viene de la sociedad y está relacionado con la colectividad, con los intereses de la clase proletaria. Todavía ninguno de los dos lados opuestos podrá ser eliminado en esta lucha, esto significaría el suicidio social.

Es más, la sociedad, el proletariado, no pueden resolver sus problemas económicos sin estimular la actividad de sus miembros a través del ofrecimiento de ciertos privilegios. Esto respalda la lucha individual por los privilegios y no permite que se extingan. La sociedad debe proporcionar mayores privilegios allí dónde se deciden los problemas más importantes de una etapa histórica concreta. El ofrecimiento de privilegios permite la solución eficaz de problemas, pero, simultáneamente, la sociedad busca otras soluciones colectivas a tales problemas y las encuentra. Así se crea la negación de los privilegios anteriores dentro de la sociedad.

En el curso del desarrollo social, las normas de este desarrollo producen una concentración de privilegios en ciertos estratos. Y cuando la sociedad descubre soluciones alternativas a estos problemas, inevitablemente opta por la liquidación de esos privilegios anteriores. Entonces es cuando se enciende una nueva llamarada de la lucha social, dónde la fracción que esta defendiendo sus privilegios en realidad esta defendiendo su derecho burgués sobre los privilegios, es decir participan como sucesores de la causa burguesa en esta continuación de la batalla de clases.

El surgimiento de tales agravaciones en la lucha de clases es inevitable en todos los caminos del capitalismo hacia el comunismo, y superando la resistencia de los estratos privilegiados, debe haber una revolución ininterrumpida que exclusivamente pueda llevar al desarrollo de la conciencia comunista. Naturalmente, es sólo la dictadura del proletariado, la dictadura de una clase abierta que proporciona los privilegios de forma igual a todos (o la ausencia total de estos) la que puede garantizar que se enfrentará a todos los obstáculos de forma consistente a lo largo del camino del movimiento social, mediante un esfuerzo inquebrantable hacia la victoria en todos los campos de la lucha.

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La historia nos enseñó a luchar por la dictadura del proletariado y conseguirla. La historia también nos enseña a extraer las lecciones de la derrota. Donde los capitalistas no pueden hacer frente al proletariado con el poder de sus armas, ellos se ocultan, intentando crecer de nuevo, aferrándose a los privilegios más pequeños. Engañando y embaucando a los obreros, intentan recobrar todo lo que han perdido. El proletariado no debe esperar que tales personas y fuerzas puedan salvarlos del renacimiento del capitalismo. Sólo su propia vigilancia puede servir como garantía. El proletariado no debe poner su fe en sus mejores representantes, para que ellos separándose de la clase, empiecen a actuar de acuerdo con sus propios intereses individuales. El proletariado no puede confiar ni siquiera en su propio partido cuando este coge el poder; el poder es un privilegio con el que sólo el propio proletariado no podrá corromperse y aburguesarse. Sólo la vigilancia permanente de toda la clase, actuando en defensa de sus derechos y privilegios, si es necesario con las armas en la mano, y sólo con el continuo control de la clase sobre todos los procesos sociales, sólo el entusiasmo eterno y la iniciativa de las organizaciones proletarias puede asegurar la hegemonía del proletariado. Es por ello que, sin retirar la consigna de la unidad de los proletarios de todos los países, nosotros proclamamos que la consigna importante de nuestro tiempo es:


"¡VIVA LA DICTADURA DEL PROLETARIADO!"

Alexei Borisovith Razlatski

Abril de 1979.

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